Monday, December 15, 2008
Friday, November 21, 2008
¿Y qué?
La verdad es que ahora no hay charcos de nada,
he llegado a ser tan ridículo que paso una o dos noches en vela
sólo para lograr que mi voz recuerde de lejos a la de Vedder.
¿Y qué hay a la vuelta de la madrugada y la esquinas del mediodía?
El rectángulo perdido de una fotografía que ni siquiera es exclusiva.
Incluso he querido cambiar de giro,
bucear en las profundidades de Kant
para dictar palabras lisonjeras.
Pareciera que soy ciego de los ojos y de espejos.
La verdad es que ya se acabó la cuerda del pollito mecánico,
y la cuerda de la pandorga.
Incluso el hastío de plástico que ahora les ha dado por comprar a todos,
incluso el hastío pirata y barato
me aburre.
O más bien me deja abandonado sin el cofre.
Estoy pegado a la luz
y no encuentro cómo apagarme.
he llegado a ser tan ridículo que paso una o dos noches en vela
sólo para lograr que mi voz recuerde de lejos a la de Vedder.
¿Y qué hay a la vuelta de la madrugada y la esquinas del mediodía?
El rectángulo perdido de una fotografía que ni siquiera es exclusiva.
Incluso he querido cambiar de giro,
bucear en las profundidades de Kant
para dictar palabras lisonjeras.
Pareciera que soy ciego de los ojos y de espejos.
La verdad es que ya se acabó la cuerda del pollito mecánico,
y la cuerda de la pandorga.
Incluso el hastío de plástico que ahora les ha dado por comprar a todos,
incluso el hastío pirata y barato
me aburre.
O más bien me deja abandonado sin el cofre.
Estoy pegado a la luz
y no encuentro cómo apagarme.
Tuesday, September 30, 2008
somos hombres o somos pan bimbo
El hombre se despierta y entreabre los ojos para dejar pasar esos primeros rayos que se han acumulado en la pared. Se talla los ojos y se mira las manos, aún con el recuerdo fresco del sueño de anoche donde corría a prisa sin saber exactamente a dónde ni porqué. Qué más da, así ocurren los sueños, se dice dando un suspiro largo y nostálgico. Una bruma espesa golpea su ventana como intentando atravesarla. El hombre se incorpora y por la mente pasa toda clase de pensamientos a una velocidad vertiginosa: somos hombres, no payasos. Somos hombres, no bufones. Somos hombres o somos piedras. Somos hombres o somos tierra.
Se levanta despacio, como con intención de no despertar a esa bella fémina imaginaria que duerme enternecida bajo las sabanas que él abandona convaleciente, tambaleándose como se aleja un soldado del campo de batalla. Camina por el entarimado muy despacio y de puntitas, abre con soltura la puerta del baño y la cierra con torpeza. La puerta rechina y cruje antes de embonar la chapa. Con cuidado se despoja de la piyama y se ve a sí mismo en el espejo.
Se ve desnudo en el espejo. Una barba mal cortada, una greña maloliente, un aliento pestilente, unas manos despreciables, un semblante de mierda, una barriga desmesurada, un sexo mugriento, rancio y degenerado, y unos ojos hinchados como canicas de tanto dormir. Se va escudriñando de arriba abajo, recorriendo con los ojos cada borde, cada arista, cada cara, cada región, cada vértice. Es un maldito cubo empecinado en adoptar cierta morfología (desgraciadamente) humana. Es una caja de zapatos, la camisa de un disco viejo, el embace de leche Lala, la descomunal pantalla Solaris… un pan bimbo, eso es, es un miserable pan bimbo.
Somos hombres desaliñados y malentendidos o somos pedazos roídos de madera sobre el suelo, varnisados o no. Somos hombres, insoportable y adecuadamente hombres como todas ellas nos designan, nos señalan. O somos la sobra de pasta que queda en el empaque cuando nadie se preocupa por intentar sacarla. O somos el vino que sobra al fondo de la botella y que nadie toma porque cae en lentísimas gotas que el cuello aletarga. O somos la réflex predispuesta a capturar lo que otro ojo nos dicte, a reproducir en una pestilente película una imagen deplorable y nauseabunda de este mundo, a atrapar con el objetivo un pedazo de inmunda mezcolanza de tiempo y espacio, batiburrillo de imágenes masticadas y sonidos irritantes de la misma vida. O somos un pedazo de esa sobra de pasta dentrífica que se ha endurecido. O somos la inmensa caja idiota con sonido acartonado, o (aludiendo a los cartones) el cartón de Pacífico que ha quedado en el suelo mojado, pisoteado, amortajado y roto. O somos pan bimbo, eso es, somos hombres o somos pan bimbo.
Friday, August 29, 2008
EX-AMOR

La cicatriz del medio día
se ha desvanecido de mis hombros
y empalidezco poco a poco
simulando quererte.
Veo en tus ojos osadía siniestra
mientras el canturreo de tu voz
chorrea un silencio asfixiante,
excitante y quieto,
que se empoza en mi piel,
abierta de aromas,
cerrada en ciego
que palmo a palmo destrozas
y deslizas entre tus dedos.
En el techo están pegadas
mis frases más largas,
tus silencios.
Y ya no finjo quererte.
Te colapsas entre mis rodillas y
tu pecho se agrieta ahora.
Lleguemos al final.
Ahora, duérmete solo,
¡simula quererme,
que tus besos se empolvan
y la rutina los endurece…!
Hoy no,
no me pintaré los labios
para ti…
se ha desvanecido de mis hombros
y empalidezco poco a poco
simulando quererte.
Veo en tus ojos osadía siniestra
mientras el canturreo de tu voz
chorrea un silencio asfixiante,
excitante y quieto,
que se empoza en mi piel,
abierta de aromas,
cerrada en ciego
que palmo a palmo destrozas
y deslizas entre tus dedos.
En el techo están pegadas
mis frases más largas,
tus silencios.
Y ya no finjo quererte.
Te colapsas entre mis rodillas y
tu pecho se agrieta ahora.
Lleguemos al final.
Ahora, duérmete solo,
¡simula quererme,
que tus besos se empolvan
y la rutina los endurece…!
Hoy no,
no me pintaré los labios
para ti…
LOS GATOS

Suave,
de lecho claro,
enguijarrado en sus ojos
se sumerge.
Y tras un amanecer
de colores salvajes y sobrios
regados por todas partes,
tienden sus garras en las cortezas,
en las místicas,
en los árboles.
Sobre su espalda
declines vehementes.
Son de nuevo,
sus ojos como abismos
rodeados de agua estancada
en que caemos
muy dentro de sus pupilas.
Veo sus dientes tristes
cayendo como flechas
bajo su perfil enajenado y frío
trinando al matar gorriones
de lecho claro,
enguijarrado en sus ojos
se sumerge.
Y tras un amanecer
de colores salvajes y sobrios
regados por todas partes,
tienden sus garras en las cortezas,
en las místicas,
en los árboles.
Sobre su espalda
declines vehementes.
Son de nuevo,
sus ojos como abismos
rodeados de agua estancada
en que caemos
muy dentro de sus pupilas.
Veo sus dientes tristes
cayendo como flechas
bajo su perfil enajenado y frío
trinando al matar gorriones
Monday, August 25, 2008
simple
Pues era algo simple, una proposición indecorosa, palabras que dejaban entrever la añoranza y las vanas (tendría que decir excesivas) ganas de tomar de su mano como tantas veces lo hice, entrelazar los dedos uno a uno como en un cierre y dejar que las propias manos hablaran como sólo ellas sabían hablar. Para nosotros fue un lenguaje más subversivo que el habla, el tacto nos llevó a conocer cada uno de los rincones del otro, recorriéndonos cada vez con soberbia soltura y como si fuera la primera vez que bajo la piel de la palma y los dedos otra piel fluyese como un río o como una dulce tonada que ambos sabíamos interpretar en la espalda del otro. Recorrer el contorno sinuoso desde los párpados hasta los pies, asir un beso en cada lugar que nuestros labios escogían, sumergirnos en un torrente imprudente de caricias y lo demás (¡cuánto más!)... Nunca sobró un beso, un rose, todo parecía calculado para hacernos estremecer en los momentos en que más deseábamos estremecernos, el uno sobre el otro, el uno detrás del otro, el uno dentro del otro. Son de esas cosas que no se olvidan, que se quedan impregnadas sobre las paredes, sobre las sábanas y sobre de uno mismo. Cómo disfrutaba del silencio cuando todo (hasta la respiración) encontraba arrullo en tu pecho ya dormido, bajo mi brazo.
Sólo eso, palabras que lo mismo hieren, que lo mismo insultan. Recuerdos que se van bebiendo de a poco, sentimientos inmundos que se van abriendo paso entre los poros y a los que se deja desnudos como una dulcísima fruta lista para ser mordida.
Todo regresa a lo mismo, esta noche vernos frente a frente, desnudos o no, lo mismo da en un parque, en un café, en una cama o simplemente (pero realmente) en un espacio onírico. Mirarnos fijamente y volver la mirada hacia las manos vacías (que mueren por hablar) o respirar palabras que se quedan en el aire sin llegar a ser escuchadas. Es esta noche tuya y mía la que nos aleja, es volverse ciego y no mirarla al cruzar la calle, es volverse sordo y no escuchar su silencio que me grita desde lejos que corra a encontrarle, es mirar disimuladamente sus pasos con el pensamiento y hacerse a la idea de la torpe postura en que le encuentro singularmente bella al rozar mi mejilla con sus labios y dejar en mí, ya sin saberlo, un temible presentimiento de no volverla a ver.
Sunday, August 17, 2008
Saturday, August 16, 2008
Friday, August 15, 2008
Wednesday, July 23, 2008
Thursday, July 10, 2008
Friday, July 04, 2008
(no se me ocurre ningún título)
De entrada el sol en raya. Una ligera lluvia al rededor. Un buen café sobre una taza de porcelana y un buen cigarro quemándose entre los dedos. De pronto uno se absorta y quizás piense que es un buen momento. O quizás tome tiempo el saber lo que cada uno piensa. Es algo que se aprende con el tiempo, como se aprende a tejer o como se aprende a pintar.
El barrido en una fotografía, una sombra en la pared, un tenedor doblado: son cosas ingenuas que nos hacen pensar el uno en el otro. Salimos de esta mesa ya entradas las once.
Camino largo, unos pasos. Todo se dirige a un punto perdido en algún lugar de tu cuerpo o del mío. Si el aire es frío, si el agua es tibia, si se detiene el reloj, qué importa. Nos vemos a los ojos y nos encontramos desnudos.
Desnudos o no, eso es lo de menos, siempre queda una sensación borrosa dentro de uno, como un latido interrumpido o como un pedazo de carne entre los dientes. Simple: se termina por decir cosas como "es noche" y lo demás es bien sabido.
"Ahora sigue un silencio incómodo y todo vuelve a su sitio". Un conjunto de palabras que poco dicen. Se limitan a un tiempo y a un espacio. Entoces qué, se comienza a contar: uno, dos, tres... nada interrumpe esta cuenta.
Un aliento vago, a caso sin ganas me despide con un suspiro. Ese aliento cae al suelo, se tira, simplemente se tira.
¿No es esto a lo que venimos?
¿No maldecimos este momento tan esperado?
Se tira al suelo y se rompe. Que nadie hable. Se sigue la cuenta...
El barrido en una fotografía, una sombra en la pared, un tenedor doblado: son cosas ingenuas que nos hacen pensar el uno en el otro. Salimos de esta mesa ya entradas las once.
Camino largo, unos pasos. Todo se dirige a un punto perdido en algún lugar de tu cuerpo o del mío. Si el aire es frío, si el agua es tibia, si se detiene el reloj, qué importa. Nos vemos a los ojos y nos encontramos desnudos.
Desnudos o no, eso es lo de menos, siempre queda una sensación borrosa dentro de uno, como un latido interrumpido o como un pedazo de carne entre los dientes. Simple: se termina por decir cosas como "es noche" y lo demás es bien sabido.
"Ahora sigue un silencio incómodo y todo vuelve a su sitio". Un conjunto de palabras que poco dicen. Se limitan a un tiempo y a un espacio. Entoces qué, se comienza a contar: uno, dos, tres... nada interrumpe esta cuenta.
Un aliento vago, a caso sin ganas me despide con un suspiro. Ese aliento cae al suelo, se tira, simplemente se tira.
¿No es esto a lo que venimos?
¿No maldecimos este momento tan esperado?
Se tira al suelo y se rompe. Que nadie hable. Se sigue la cuenta...
Saturday, June 21, 2008
Wednesday, February 13, 2008
Saturday, January 05, 2008
MOZARTIANO
Íntegro y ausente heredero mozartiano,
en cada romanceta, una entrega vertiginosa
sobre el clamor de los chelos.
Derramas tu agua digital sobre los pianos,
castigo que despunta la pasión de la melodía;
golpeas mis ojos,
finges tremulidad en la sonata,
y la melancolía surge de un allegro asonante,
en todo el fragmento de una sobria batuta,
tan sola y airada...
No hay quien escuche el recorrido de las octavas
o el subir y bajar del éxtasis violinista,
lejos de la verdadera intranquilidad
decaída por el silencio de los timbales,
por el acorde sopranista de una flauta
junto a los labios de una dama.
Toca sus cuerdas como arpa,
y al final, el aplauso se desliza,
como el viento sobre pieles musicales,
al escuchar el último réquiem
en un piano con el que el artista morirá,
y la melodía insertada en las lágrimas de un adagio.
hola, llevo inscrita en este blog desde hace mucho, y jamas habia escrito nada en él, por eso, envío esto, para compartir con ustedes este poema que ganó el primer lugar en el interpolitecnico de poesía a nivel medio superior del 2006, gracias al profesor Tonatiuh, que me ayudó a lograr esto...
en cada romanceta, una entrega vertiginosa
sobre el clamor de los chelos.
Derramas tu agua digital sobre los pianos,
castigo que despunta la pasión de la melodía;
golpeas mis ojos,
finges tremulidad en la sonata,
y la melancolía surge de un allegro asonante,
en todo el fragmento de una sobria batuta,
tan sola y airada...
No hay quien escuche el recorrido de las octavas
o el subir y bajar del éxtasis violinista,
lejos de la verdadera intranquilidad
decaída por el silencio de los timbales,
por el acorde sopranista de una flauta
junto a los labios de una dama.
Toca sus cuerdas como arpa,
y al final, el aplauso se desliza,
como el viento sobre pieles musicales,
al escuchar el último réquiem
en un piano con el que el artista morirá,
y la melodía insertada en las lágrimas de un adagio.
iris godinez
hola, llevo inscrita en este blog desde hace mucho, y jamas habia escrito nada en él, por eso, envío esto, para compartir con ustedes este poema que ganó el primer lugar en el interpolitecnico de poesía a nivel medio superior del 2006, gracias al profesor Tonatiuh, que me ayudó a lograr esto...
Tuesday, December 25, 2007
Sunday, December 02, 2007
No, no soy adorable

(o “kaiserin, tsarevna, no soy una princesa”)
En general uno no hace esta clase de cosas, pero los amigos siempre dan golpes bajos y te dicen que si no lo haces no cogerán esa noche o mamadas por el estilo, entonces uno no puede negarse a hacer un “favor”, o es decir, salir de chaperona.
Así, pues, uno llega confiado a que el “otro” (el amigo de la chica de tu amigo) no dirá mucho, porque suelen ser tímidos —por eso necesitan de la ayuda de sus amigas— y entonces hay que sacarles la conversación con la misma cuchara con la que comparten el mal pretexto de un helado. Sin embargo, este tipo llegó con una sonrisa, una verdadera sonrisa.
Resulta que se llamaba… de algún modo. Tenía qué ver con la luz, de eso estoy segura. Creo. Después me explicó que sus padres en realidad no habían tenido mucho ingenio, es más fue su abuela la que decidió que se llamara… así. Pero lo peor fue cuando hizo esa… pregunta.
— ¿Tus ojos son verdes, cierto? Me gustan—
— (Mis ojos no son verdes, quizá deberías cambiar de lentes) Son café—
— Mmm… me gustan—
— (Esto debe ser una bromita del imbécil de Antonio) Gracias—
— ¿Sabes? Soy bueno leyendo los pensamientos. Sí, en serio. Sólo acércate un poco y podré meterme en tu cabeza y saber en qué estás pensando. Incluso saber si estás enferma—
— (Espero que no, te darías cuenta de que eres un engreído) No gracias, puede ser peligroso—
— Sí, lo sé. Tengo un buen corazón. No pareces una tipa aborregada, de las que me revientan, que mira los mismos cuadros, escucha la misma música y, claro, va a los mismos lugares. Aunque, la verdad sólo podría salir contigo si eres dócil y sensible…—
— ¡Saperlipopet!—
— ¿Saperlipopet?—
— Ah… (puta y ahora, ¿qué le digo?) lo digo cuando no sé qué decir—
— Ya veo, te dejé sin palabras—
— (No, más bien hubiera querido que dejaras de hablar) Sí, algo así—
— Es como en “Rayuela”, ¿no te parece?, ya sabes el Glíglico. Podrías ser la Maga de mi novela. Como te darás cuenta leo mucho, no te diré cuánto, pero es mucho—
— ¿Qué edad tienes?—
— No te preocupes, me dedicaré a hacer de ti una chica madura. Sí te has dado cuenta de que aún estás, digamos, en pañales, o, ¿no? Sí, mira, seguramente te la pasarás haciendo berrinches y te traerás rollos muy “densos”, no te preocupes, esas cosas…—
Puta madre, mirada fija en el infinito, halo teatrero, con el singular gesto de entrecerrar los ojos, ¿será que de verdad piensan que uno les cree?
— Sí, esas cosas me gustan. Seguramente piensas que tú también me romperás el alma, pero no te preocupes… esa actitud también me gusta…
— A ver, déjame entender…—
— Claro que entiendes, eres una chica inteligente, por eso serás mi compañera. Conforme pase el tiempo te diré cuáles son tus aptitudes genéticas por las que seguiré contigo. La verdad no pienso tener hijos, pero nunca está demás, y pues, me gusta tu cadera…
— Ajá…—
— Sí, lo sé. No soy el único que elogia tu belleza, ¿no es así? Verás, soy muy bueno haciendo hipótesis. En eso se basará nuestra vida, en que yo lea tus pensamientos y en que tú te dejes consentir. ¿Te han dicho que eres adorable?—
— ¿Todo esto es en serio?—
— ¿Crees que yo jugaría con esas cosas?, soy muy serio, ¿acaso no te hablaron mucho de mí? No te preocupes, ya habrá tiempo para eso—
— ¿Es que Antonio y tu amiga no piensan alcanzarnos?—
— Deja que se encarguen de sus asuntos. Yo te decía que a veces podrá parecer que soy un hijo de puta o que quizá hago berrinches, por favor, no vayas a creerlo, todo tiene una explicación coherente, por supuesto, con mi madurez. Me encargaré de ponerte en situaciones límite para que salgas del hoyo. Por cierto, ¿sabes qué es una flor amarilla?—
— (¿Qué sólo lee a Cortázar?) Déjame ver, ¿me dirás que soy Luc?—
— Serás como mi parejilla de indias. Aunque no todo será tan, aparentemente, malo. También te escribiré canciones, es más podría grabarte un sencillo, soy modesto así que te diré que no canto muy bien. Por supuesto te escribiré poemas. Sólo déjame decirte algo más, no podrás confiar mucho en mí, digo mentiras como si las vomitara, así que no podrás distinguir entre lo que es cierto y lo que no—
Mientras me va desnudando en su casa, no logro distinguir si lo que estoy sintiendo es su lengua entre mis piernas o un profundo amor, como si se tratara de un eterno retorno de Nietzsche o de otro cuento de Cortázar. Siento que lo quiero siempre, mucho, a veces. Como a un castor o a una suricata.
Ahora sí, "Cuando tengo clases me salen ojos"
Sí, te digo que estaba yo ahí, enfrentito de la que dizque guía. Nos estaba diciendo que si Sócrates, que si Aristóteles; ya sabes, las mamadas que cavilaban esos weyes, pero que inevitablemente te pones a pensar en que si son pendejadas o no tanto. Entonces ahí, en el mero meollo (cómo me gusta esta palabra), como tragedia de Shakespeare: “se caen o no se caen”, el problema es que siempre se caen y no es que lo haga a propósito (sólo cuando estoy solo), sino que de pronto comienzo a sentir un ligero entusiasmo, como un “¡agüevo!, ya le entendí” y moooledoñamaría, siento cómo se desprende algo de adentro, a veces muy cerquita a veces más lejitos, pero algo se rompe y los ojos comienzan a resbalarse, como un par de hojas que han caído y no saben a donde van. Aunque no siempre se caen los dos, a veces sólo es uno, a veces el izquierdo, a veces el derecho; eso me dificulta la visión. Cuando se caen los dos no hay tanto pedo, los dos salen igualitos, con la misma manera de mirar, pero cuando se cae uno el otro generalmente sale diferente y no veo bien, como si todo estuviera obnubilado, a veces me tropiezo y hasta me caigo, pero después me acostumbro y distingo, como Descartes.
Sí, mira: cuando comienzo a sentir que algo ya se tronó allá adentro salgo corriendo para el baño, me tapo la cara por si se me llegan a caer antes de entrar al salón de los tronos y me encierro directito en uno. Imagínate que se me llegan a caer y me resbalo con ellos o peor aún que alguien me los pise, seguramente a ti no te gustaría que pisaran tus ojos, con los que has visto tanto tiempo y tantas cosas, que ya no los vayas a usar no quiere decir que dejan de ser tuyos ni que dejas de quererlos. Por eso siempre traigo frasquitos. Voy, me encierro en el baño, se me caen los ojos, siento cómo me van saliendo los otros y cuando puedo ver guardo los que se me cayeron en el frasquito, llego a mi casa y lo amontono junto con los demás.
A veces, es como cuando te cortas, a veces te duele cuando cicatriza y a veces no tanto. Es lo mismo. A veces me duele que se me caigan, a veces me duele que me salgan, todo duele alguna vez.
En realidad me pasa en todas partes. Si voy caminando por la calle, viendo cualquier cosa de pronto siento aquello y tengo que sentarme en el suelo, no sé, hacer como que estoy llorando o como que estoy dormido, tomar mis ojos y esperar a que salgan los otros. Es más fácil en la escuela, voy corriendo al baño y no hay tanto problema, o en el cine, ni siquiera tengo que moverme, en la oscuridad nadie te ve, en ese momento todos confunden el mundo con la pantalla y desaparecen.
Sí, es cansado, a veces la gente cree que uno está loco, y no es que no lo esté, pero no tanto. Lo único que pasa es que se me caen los ojos, ¿qué tan grave puede ser?
No, diles que no puedo salir, que estoy enfermo o cualquier cosa (cualquier cosa menos que se me caen los ojos). Es que llevo aquí más de dos horas esperando a que salgan y nomás no. Nunca me había sentido tan nervioso…
Ni siquiera puedo llorar, me faltan mis ojos. ¿Y si nunca más vuelven a salir? No he ido a la escuela. Ya no podré salir, ni andar en la patineta, ni siquiera podré leer… bueno eso sí, pero no será lo mismo, no podré ver cómo se hilan las palabras como un metro naranja o como un extinto tren, ni cómo revolotean cuando los pájaros vuelan, ni cómo van sonando como sonajas en un poema. Creo que sentí algo… Nada. Ni uno chiquito ni una lagrimita ni una esperanza. Nada. Sólo un crujido y oscuridad.
Aún no logro entender que ya no puedo concebir mi entorno como una totalidad, ahora tengo que ir conociendo las cosas one by one, o sea, una por una. Fijarme en los detalles para no confundirlos, en sus sonidos, en lo que, inevitablemente, me dicen. Sí, a que eso no se lo esperaban, eh. Uno comienza a escuchar (si es que puede hacerse sin los oídos, así como ver sin los ojos, así como yo) y entonces no queda de otra mas que escuchar todo lo que las cosas gritan, que si la planta ya tiene sed, que si el perro está cansado, que si la tele está envejeciendo, que si la silla está llorando, que si la tía está amargándose, que si el limón está dulce, la cama enamorada, la bicicleta adormecida, el radio ensordecido, la estufa convirtiéndose en refrigerador y el refrigerador convirtiéndose en una jirafa come lácteosfrutasyverduras (sí, es que aquí todos se las dan de sanos). Sí, ya sé que me excedí, pero es que el otro día el mapa me dijo que se había perdido entre Estonia, Letonia y Lituania y yo no pude evitar reírme como imbécil o como un cable chispeando, lo que más les guste. El punto es que esto ha pasado de ser una tragedia chexpiriana a ser un descanso maravilloso (sí, lo sé, es una cursifresada). O quizá no, pensé en que ahora ya no tendría que ver los asesinatos en la tele, sí, la que se cree vieja; el problema es que ahora los escucho y siento más profundo el dolor, y, como siempre, siento cada grito como un arma en la cabeza, “unas ganas de no verte nunca más”, ¿así iba la canción?
Manchas de colores, eso es todo. Manchas sin forma ni conexión, no hay tamaño, no hay distancia, sólo tropiezo, es que no me había dado cuenta de que estaba cerca, es que ya no sé lo que es cerca o lejos. Luz moviéndose por todas partes y ella hablándome, sé que lo hace porque la he tomado del rostro y siento cómo se mueven sus labios, sus mejillas, sus ojos y siento el sonido que se fuga por todas partes. Comienzo a mirarla, a distinguir que es ella, distinta de la mesa o de la silla y a veces distinta de mí.
Así como dejar de mirar implica la concepción de un mundo distinto (ja, sí, otra cursifresada), y me refiero a que no es lo mismo permanecer distante de todo y aún así creer que se conoce, que no es lo mismo saber de alguien por mirar cómo camina o que sus ojos son café, sino por sentirlo en el aire y escuchar cómo los ojos van convirtiéndose en verde; así también el mirar de nuevo es cambiar el ser tú, como ser un punto, es la manera de ser ese punto, pero ahora que recuerdo, un punto puede ser cualquier cosa, un cuervo con sombrero de charro, una bicicleta, un pie, un dibujo o el regalo de un amigo, sí, como él. Entonces… no sé qué estaba diciendo, la verdad es que tampoco importa, pero seguro que se trataba de hablar de la luz, y no me refiero ni a Sol, ni al día, ni siquiera sé si podría tratarse de la noche, sí, aquella en la que te he conocido y en que los ojos, ojos eran, en que las manos no eran nada, en que las estrellas eran como mares de girasoles o quizá sólo eran bolas gigantes de gas quemándose a miles de millones de kilómetros de aquí (claro, si estaban cerquita), porque las cercas separan, pero cómo podría yo separarme de ti (?) y de tu rostro que habla y se mueve todo en voz, porque seguramente sabes que no sólo caminas con las piernas, sino que caminas empujando y jalando desde tus brazos, desde los ojos o la cadera o esa ronchita eterna que tienes en el brazo. Lo cierto es que antes, cuando tenía clases se me caían los ojos y los coleccionaba, por mamón seguramente, mamón como todo el mundo, como una revista de arquitectura o de literatura, como un poeta melancólico o como un escritorio de vacío, o simplemente como tú que estás leyendo las pendejadas que estoy diciendo. El punto es que guardaba los ojos como mi manera de recordar, como si con colocarlos en mi mano pudiera saber qué había ocurrido, claro, eso nunca pasó; pero lo que sí pasó es que un día, como tantos otros, se cayeron, se quedaron en un frasquito con una etiqueta que no supe llenar después, porque los círculos y los triángulos y los ciento ochenta grados nunca fueron iguales, ya no era el saber que los ángulos son rectos o si son de margaritas, pero eso no importa; lo que sí importa es que la planta se secó y que la televisión dejó de funcionar, la tía hace pasteles y que tú no tienes ni puta idea de lo que ha sido esto, de lo que has sido para mí, de lo que, seguramente, mis ojos han sido para ti. Pero esto no era lo que yo quería decir, lo que yo quería decir es que los ojos se caen y nunca más salen, nunca más, como un cuervo o una maldición. Y adiós. Y fin.
Subscribe to:
Posts (Atom)

