Hola, peques:
Ha pasado tanto tiempo, tantos viajes en el metro, tanta carne y tatuajes que ya no sé bien como mover los dedos por acá.
Escribo, lo sé, para el vacío que dejaron mis antiguos compañeros y lectores. Esto es como los matrimonios o los noviazgos: comienza siendo plural y se transforma en los debrayes de uno solo.
Quisiera ser genial o al menos descriptivo, pero en este momento parece que sólo podré ser introductorio, parece que sólo podré escribir palabras para reinaugurar [para reinaugurarme] este espacio.
Sólo añadiré que...
Nada... sólo quiero decir que... escribo a veces.
¡Salud!
Tuesday, September 07, 2010
Saturday, June 27, 2009
Friday, May 29, 2009
Los adioses
Monday, May 25, 2009
Trilogía
I. El amor en los tiempo de la influenza
Oigo y desoigo tus palabras muertas ya sobre un mar de olvido,
hincadas sobre mis trémulas rodillas,
como serpientes desplazándose en la arena,
como moscas tuertas pululantes, los arquetipos de tu espalda y tu espina dorsal,
los espirales que mi lengua sigilosa dibuja sobre tu abdomen,
mis manos que se funden sobre tus piernas ardientes,
mis ojos que se vienen sobre ti,
mis dientes hinchados de tanto morderte,
todo lo que somos se desplaza silente,
como se camina sobre un entarimado,
tus pies desnudos me vienen al aire y yo los separo,
abro tus piernas tranquilas y dóciles para estocar tu encuentro,
hago un baile demencial mirando tus caderas rebozantes de placer
y un asco profundo me invade desde dentro,
concluyo mi flujo en ti detonando mis regurgitantes entrañas enmedio de tus piernas,
me alejo y respiro. Y respiro.
Los ojos también sienten orgasmos: las lágrimas que transpiro.
II. [Te busco entre mis manos...]
Te busco entre mis manos, entre mi cuerpo desvenado,
te buscan mis brazos y mis piernas a todas horas, en todos lados,
los mismos rastros, el mismo vaho que has dejado acumulado,
las mismas sombras desganadas, el mismo aroma resagado.
Te buscan en el día,
te encuentran tarde en tus ojos escondida,
te sé despierta, te sé cansada, te sé dormida,
tus labios separados y tus ojos cerrados,
silentes cómplices de esta monotonía.
Respiras suave, discreta, tu quietud es tan cierta,
en tu profundo sueño pareces viajar alerta,
son tus manos que se abren dejándote insípida y muerta.
III. Cunilingus
Debí dejarla ahí,
sobre esa tela como baba saliendo de la cama,
abandonarla cuando me vio atravesar el cuarto desnudo y con la luz prendida,
debí besarla y dejarla con las piernas abriertas y los dientes hincados en la almohada.
Alcancé el apagador y seguí su voz através de la recámara.
Seguía viva, respirando agitada,
exudando ese cálido sudor bajo ese horrible perfume excitada.
Acaricié sus piernas extendidas y besé sus palmas,
desdoblé sus muslos y blandí mi espada,
apreté mis dientes y apagué su mirada,
ella se entregó a mi encuentro silente, bella, articulada.
Debió dajarme ahí,
sobre esa baba como tela saliendo de mi arcada,
abandonarme cuando la vi atravesar el cuarto desnuda con la luz apagada,
debió besarme y dejarme con la espada hundida y sus dietes hincados a mi espalda.
Oigo y desoigo tus palabras muertas ya sobre un mar de olvido,
hincadas sobre mis trémulas rodillas,
como serpientes desplazándose en la arena,
como moscas tuertas pululantes, los arquetipos de tu espalda y tu espina dorsal,
los espirales que mi lengua sigilosa dibuja sobre tu abdomen,
mis manos que se funden sobre tus piernas ardientes,
mis ojos que se vienen sobre ti,
mis dientes hinchados de tanto morderte,
todo lo que somos se desplaza silente,
como se camina sobre un entarimado,
tus pies desnudos me vienen al aire y yo los separo,
abro tus piernas tranquilas y dóciles para estocar tu encuentro,
hago un baile demencial mirando tus caderas rebozantes de placer
y un asco profundo me invade desde dentro,
concluyo mi flujo en ti detonando mis regurgitantes entrañas enmedio de tus piernas,
me alejo y respiro. Y respiro.
Los ojos también sienten orgasmos: las lágrimas que transpiro.
II. [Te busco entre mis manos...]
Te busco entre mis manos, entre mi cuerpo desvenado,
te buscan mis brazos y mis piernas a todas horas, en todos lados,
los mismos rastros, el mismo vaho que has dejado acumulado,
las mismas sombras desganadas, el mismo aroma resagado.
Te buscan en el día,
te encuentran tarde en tus ojos escondida,
te sé despierta, te sé cansada, te sé dormida,
tus labios separados y tus ojos cerrados,
silentes cómplices de esta monotonía.
Respiras suave, discreta, tu quietud es tan cierta,
en tu profundo sueño pareces viajar alerta,
son tus manos que se abren dejándote insípida y muerta.
III. Cunilingus
Debí dejarla ahí,
sobre esa tela como baba saliendo de la cama,
abandonarla cuando me vio atravesar el cuarto desnudo y con la luz prendida,
debí besarla y dejarla con las piernas abriertas y los dientes hincados en la almohada.
Alcancé el apagador y seguí su voz através de la recámara.
Seguía viva, respirando agitada,
exudando ese cálido sudor bajo ese horrible perfume excitada.
Acaricié sus piernas extendidas y besé sus palmas,
desdoblé sus muslos y blandí mi espada,
apreté mis dientes y apagué su mirada,
ella se entregó a mi encuentro silente, bella, articulada.
Debió dajarme ahí,
sobre esa baba como tela saliendo de mi arcada,
abandonarme cuando la vi atravesar el cuarto desnuda con la luz apagada,
debió besarme y dejarme con la espada hundida y sus dietes hincados a mi espalda.
Tuesday, March 24, 2009
Ya sé que este no es un blog de "esos"
Ya sé que aquí se escriben poemas y cuentos, ya sé que no es un blog personal. Pero tomemos en cuenta dos cosas:
a) Eso siempre me ha importado un rábano.
b) Todos, salvo yo, han abandonado este espacio.
Así pues, voy a sumarme a la gozosa perversión que significa echar las tripas en la red. Cuando era adolescente solía tener una libreta, pero ahora que soy una especie de adulto contemporáneo, he preferido las ventajas de poner el diario abierto al público las veinticuatro horas, lo cual no hace sino reafirmar mi vieja teoría: la gente no piensa mejor al cumplir más años, sólo acumulamos años y a veces mejores chistes.
Todo se está yendo a la mierda en estos días. O mejor dicho, mi vida se está yendo a la mierda en estos días:
a) Estoy a punto de recibir una buena y tenebrosa y peligrosa reprensión en uno de mis trabajos (tengo varios, de ahí que no cuidar uno de ellos en estos tiempos de crisis sólo revela mi soberana estupidez).
b) Compuse una canción y, entusiasmado, le mostré la grabación a una de mis ex. Con su buen sentido me hizo ver que la dichosa canción era sólo una cacofónica sucesión plañidera de dos minutos.
c) El poema que está inmediatamente debajo de este post, lo escribí con toda la buena intención del mundo (con amor, pues), pero mi preciado built-in shit detector me ha dicho que he comenzado a repetirme, que escupo poemas con los mismos recursos de siempre.
d) Las viejas esperanzas que tanto puse en el mundo académico se estan yendo para abajo. Una universidad rechazó olímpicamente mi solicitud para hacer un doctorado. Hace años que no voy a un congreso. Hace años que no publico nada. Hace meses que no he avanzado en mi tesis de maestría. Hace años que me he dedicado a destruir mi ralo prestigio entre mis profesores (quienes aún me aprecian es porque están lejos de mí).
e) El cuerpo va resintiendo los estragos de la edad y de una vida ni siquiera llena de vicios y excesos, sino más bien tirando a pusilánime. Qué jodidez.
f) Voy descubriendo paulatinamente defectos que nunca pensé que tuviera (o al menos no en grado tan acusado).
g) Todo lo anterior sería manejable, incluso normal, sino fuera por otro asunto ominoso que me está cargando las espaldas: el jodido asunto amoroso. ¿Qué hay? Lo mismo de siempre. Los defasamientos, la falta de comunicación, los miedos a abrirse, los ánimos de abrirse seguidos de un bonito portazo en la cara, las noches llenas de cerveza, la envidia, la lucha eterna contra los otros, contra los de antes, contra los primigenios (la última vez que luché con un primigenio --literalmente luché--, acabé bebiendo como idiota en una cantina del centro, con un arañazo en el cuello), la distancia de siempre.
h) En las clases que he dado me ha gustado insistir en la figura de Héctor encaminándose contra Aquiles después de haber huido de él. Héctor, buen Héctor, siempre te he elogiado en clase. No tienes idea de cuántas veces he querido emularte. Y no porque tenga instinto de héroe, sino porque no me queda otra opción: la derrota siempre ha sido segura en mis asuntos. Sólo me queda tragármela.
i) El bueno de Marco Aurelio decía que si no podemos ser felices, al menos podemos ser buenos. Buen emperador: ¿y cómo? Ya sé que lo describes con detalle en tu libro, pero ya, en serio, ¿cómo?
j) Ni siquiera me salen estas quejas con humor.
k) Puta madre.
l) Chau.
a) Eso siempre me ha importado un rábano.
b) Todos, salvo yo, han abandonado este espacio.
Así pues, voy a sumarme a la gozosa perversión que significa echar las tripas en la red. Cuando era adolescente solía tener una libreta, pero ahora que soy una especie de adulto contemporáneo, he preferido las ventajas de poner el diario abierto al público las veinticuatro horas, lo cual no hace sino reafirmar mi vieja teoría: la gente no piensa mejor al cumplir más años, sólo acumulamos años y a veces mejores chistes.
Todo se está yendo a la mierda en estos días. O mejor dicho, mi vida se está yendo a la mierda en estos días:
a) Estoy a punto de recibir una buena y tenebrosa y peligrosa reprensión en uno de mis trabajos (tengo varios, de ahí que no cuidar uno de ellos en estos tiempos de crisis sólo revela mi soberana estupidez).
b) Compuse una canción y, entusiasmado, le mostré la grabación a una de mis ex. Con su buen sentido me hizo ver que la dichosa canción era sólo una cacofónica sucesión plañidera de dos minutos.
c) El poema que está inmediatamente debajo de este post, lo escribí con toda la buena intención del mundo (con amor, pues), pero mi preciado built-in shit detector me ha dicho que he comenzado a repetirme, que escupo poemas con los mismos recursos de siempre.
d) Las viejas esperanzas que tanto puse en el mundo académico se estan yendo para abajo. Una universidad rechazó olímpicamente mi solicitud para hacer un doctorado. Hace años que no voy a un congreso. Hace años que no publico nada. Hace meses que no he avanzado en mi tesis de maestría. Hace años que me he dedicado a destruir mi ralo prestigio entre mis profesores (quienes aún me aprecian es porque están lejos de mí).
e) El cuerpo va resintiendo los estragos de la edad y de una vida ni siquiera llena de vicios y excesos, sino más bien tirando a pusilánime. Qué jodidez.
f) Voy descubriendo paulatinamente defectos que nunca pensé que tuviera (o al menos no en grado tan acusado).
g) Todo lo anterior sería manejable, incluso normal, sino fuera por otro asunto ominoso que me está cargando las espaldas: el jodido asunto amoroso. ¿Qué hay? Lo mismo de siempre. Los defasamientos, la falta de comunicación, los miedos a abrirse, los ánimos de abrirse seguidos de un bonito portazo en la cara, las noches llenas de cerveza, la envidia, la lucha eterna contra los otros, contra los de antes, contra los primigenios (la última vez que luché con un primigenio --literalmente luché--, acabé bebiendo como idiota en una cantina del centro, con un arañazo en el cuello), la distancia de siempre.
h) En las clases que he dado me ha gustado insistir en la figura de Héctor encaminándose contra Aquiles después de haber huido de él. Héctor, buen Héctor, siempre te he elogiado en clase. No tienes idea de cuántas veces he querido emularte. Y no porque tenga instinto de héroe, sino porque no me queda otra opción: la derrota siempre ha sido segura en mis asuntos. Sólo me queda tragármela.
i) El bueno de Marco Aurelio decía que si no podemos ser felices, al menos podemos ser buenos. Buen emperador: ¿y cómo? Ya sé que lo describes con detalle en tu libro, pero ya, en serio, ¿cómo?
j) Ni siquiera me salen estas quejas con humor.
k) Puta madre.
l) Chau.
Monday, December 15, 2008
Friday, November 21, 2008
¿Y qué?
La verdad es que ahora no hay charcos de nada,
he llegado a ser tan ridículo que paso una o dos noches en vela
sólo para lograr que mi voz recuerde de lejos a la de Vedder.
¿Y qué hay a la vuelta de la madrugada y la esquinas del mediodía?
El rectángulo perdido de una fotografía que ni siquiera es exclusiva.
Incluso he querido cambiar de giro,
bucear en las profundidades de Kant
para dictar palabras lisonjeras.
Pareciera que soy ciego de los ojos y de espejos.
La verdad es que ya se acabó la cuerda del pollito mecánico,
y la cuerda de la pandorga.
Incluso el hastío de plástico que ahora les ha dado por comprar a todos,
incluso el hastío pirata y barato
me aburre.
O más bien me deja abandonado sin el cofre.
Estoy pegado a la luz
y no encuentro cómo apagarme.
he llegado a ser tan ridículo que paso una o dos noches en vela
sólo para lograr que mi voz recuerde de lejos a la de Vedder.
¿Y qué hay a la vuelta de la madrugada y la esquinas del mediodía?
El rectángulo perdido de una fotografía que ni siquiera es exclusiva.
Incluso he querido cambiar de giro,
bucear en las profundidades de Kant
para dictar palabras lisonjeras.
Pareciera que soy ciego de los ojos y de espejos.
La verdad es que ya se acabó la cuerda del pollito mecánico,
y la cuerda de la pandorga.
Incluso el hastío de plástico que ahora les ha dado por comprar a todos,
incluso el hastío pirata y barato
me aburre.
O más bien me deja abandonado sin el cofre.
Estoy pegado a la luz
y no encuentro cómo apagarme.
Tuesday, September 30, 2008
somos hombres o somos pan bimbo
El hombre se despierta y entreabre los ojos para dejar pasar esos primeros rayos que se han acumulado en la pared. Se talla los ojos y se mira las manos, aún con el recuerdo fresco del sueño de anoche donde corría a prisa sin saber exactamente a dónde ni porqué. Qué más da, así ocurren los sueños, se dice dando un suspiro largo y nostálgico. Una bruma espesa golpea su ventana como intentando atravesarla. El hombre se incorpora y por la mente pasa toda clase de pensamientos a una velocidad vertiginosa: somos hombres, no payasos. Somos hombres, no bufones. Somos hombres o somos piedras. Somos hombres o somos tierra.
Se levanta despacio, como con intención de no despertar a esa bella fémina imaginaria que duerme enternecida bajo las sabanas que él abandona convaleciente, tambaleándose como se aleja un soldado del campo de batalla. Camina por el entarimado muy despacio y de puntitas, abre con soltura la puerta del baño y la cierra con torpeza. La puerta rechina y cruje antes de embonar la chapa. Con cuidado se despoja de la piyama y se ve a sí mismo en el espejo.
Se ve desnudo en el espejo. Una barba mal cortada, una greña maloliente, un aliento pestilente, unas manos despreciables, un semblante de mierda, una barriga desmesurada, un sexo mugriento, rancio y degenerado, y unos ojos hinchados como canicas de tanto dormir. Se va escudriñando de arriba abajo, recorriendo con los ojos cada borde, cada arista, cada cara, cada región, cada vértice. Es un maldito cubo empecinado en adoptar cierta morfología (desgraciadamente) humana. Es una caja de zapatos, la camisa de un disco viejo, el embace de leche Lala, la descomunal pantalla Solaris… un pan bimbo, eso es, es un miserable pan bimbo.
Somos hombres desaliñados y malentendidos o somos pedazos roídos de madera sobre el suelo, varnisados o no. Somos hombres, insoportable y adecuadamente hombres como todas ellas nos designan, nos señalan. O somos la sobra de pasta que queda en el empaque cuando nadie se preocupa por intentar sacarla. O somos el vino que sobra al fondo de la botella y que nadie toma porque cae en lentísimas gotas que el cuello aletarga. O somos la réflex predispuesta a capturar lo que otro ojo nos dicte, a reproducir en una pestilente película una imagen deplorable y nauseabunda de este mundo, a atrapar con el objetivo un pedazo de inmunda mezcolanza de tiempo y espacio, batiburrillo de imágenes masticadas y sonidos irritantes de la misma vida. O somos un pedazo de esa sobra de pasta dentrífica que se ha endurecido. O somos la inmensa caja idiota con sonido acartonado, o (aludiendo a los cartones) el cartón de Pacífico que ha quedado en el suelo mojado, pisoteado, amortajado y roto. O somos pan bimbo, eso es, somos hombres o somos pan bimbo.
Friday, August 29, 2008
EX-AMOR

La cicatriz del medio día
se ha desvanecido de mis hombros
y empalidezco poco a poco
simulando quererte.
Veo en tus ojos osadía siniestra
mientras el canturreo de tu voz
chorrea un silencio asfixiante,
excitante y quieto,
que se empoza en mi piel,
abierta de aromas,
cerrada en ciego
que palmo a palmo destrozas
y deslizas entre tus dedos.
En el techo están pegadas
mis frases más largas,
tus silencios.
Y ya no finjo quererte.
Te colapsas entre mis rodillas y
tu pecho se agrieta ahora.
Lleguemos al final.
Ahora, duérmete solo,
¡simula quererme,
que tus besos se empolvan
y la rutina los endurece…!
Hoy no,
no me pintaré los labios
para ti…
se ha desvanecido de mis hombros
y empalidezco poco a poco
simulando quererte.
Veo en tus ojos osadía siniestra
mientras el canturreo de tu voz
chorrea un silencio asfixiante,
excitante y quieto,
que se empoza en mi piel,
abierta de aromas,
cerrada en ciego
que palmo a palmo destrozas
y deslizas entre tus dedos.
En el techo están pegadas
mis frases más largas,
tus silencios.
Y ya no finjo quererte.
Te colapsas entre mis rodillas y
tu pecho se agrieta ahora.
Lleguemos al final.
Ahora, duérmete solo,
¡simula quererme,
que tus besos se empolvan
y la rutina los endurece…!
Hoy no,
no me pintaré los labios
para ti…
LOS GATOS

Suave,
de lecho claro,
enguijarrado en sus ojos
se sumerge.
Y tras un amanecer
de colores salvajes y sobrios
regados por todas partes,
tienden sus garras en las cortezas,
en las místicas,
en los árboles.
Sobre su espalda
declines vehementes.
Son de nuevo,
sus ojos como abismos
rodeados de agua estancada
en que caemos
muy dentro de sus pupilas.
Veo sus dientes tristes
cayendo como flechas
bajo su perfil enajenado y frío
trinando al matar gorriones
de lecho claro,
enguijarrado en sus ojos
se sumerge.
Y tras un amanecer
de colores salvajes y sobrios
regados por todas partes,
tienden sus garras en las cortezas,
en las místicas,
en los árboles.
Sobre su espalda
declines vehementes.
Son de nuevo,
sus ojos como abismos
rodeados de agua estancada
en que caemos
muy dentro de sus pupilas.
Veo sus dientes tristes
cayendo como flechas
bajo su perfil enajenado y frío
trinando al matar gorriones
Monday, August 25, 2008
simple
Pues era algo simple, una proposición indecorosa, palabras que dejaban entrever la añoranza y las vanas (tendría que decir excesivas) ganas de tomar de su mano como tantas veces lo hice, entrelazar los dedos uno a uno como en un cierre y dejar que las propias manos hablaran como sólo ellas sabían hablar. Para nosotros fue un lenguaje más subversivo que el habla, el tacto nos llevó a conocer cada uno de los rincones del otro, recorriéndonos cada vez con soberbia soltura y como si fuera la primera vez que bajo la piel de la palma y los dedos otra piel fluyese como un río o como una dulce tonada que ambos sabíamos interpretar en la espalda del otro. Recorrer el contorno sinuoso desde los párpados hasta los pies, asir un beso en cada lugar que nuestros labios escogían, sumergirnos en un torrente imprudente de caricias y lo demás (¡cuánto más!)... Nunca sobró un beso, un rose, todo parecía calculado para hacernos estremecer en los momentos en que más deseábamos estremecernos, el uno sobre el otro, el uno detrás del otro, el uno dentro del otro. Son de esas cosas que no se olvidan, que se quedan impregnadas sobre las paredes, sobre las sábanas y sobre de uno mismo. Cómo disfrutaba del silencio cuando todo (hasta la respiración) encontraba arrullo en tu pecho ya dormido, bajo mi brazo.
Sólo eso, palabras que lo mismo hieren, que lo mismo insultan. Recuerdos que se van bebiendo de a poco, sentimientos inmundos que se van abriendo paso entre los poros y a los que se deja desnudos como una dulcísima fruta lista para ser mordida.
Todo regresa a lo mismo, esta noche vernos frente a frente, desnudos o no, lo mismo da en un parque, en un café, en una cama o simplemente (pero realmente) en un espacio onírico. Mirarnos fijamente y volver la mirada hacia las manos vacías (que mueren por hablar) o respirar palabras que se quedan en el aire sin llegar a ser escuchadas. Es esta noche tuya y mía la que nos aleja, es volverse ciego y no mirarla al cruzar la calle, es volverse sordo y no escuchar su silencio que me grita desde lejos que corra a encontrarle, es mirar disimuladamente sus pasos con el pensamiento y hacerse a la idea de la torpe postura en que le encuentro singularmente bella al rozar mi mejilla con sus labios y dejar en mí, ya sin saberlo, un temible presentimiento de no volverla a ver.
Sunday, August 17, 2008
Saturday, August 16, 2008
Friday, August 15, 2008
Wednesday, July 23, 2008
Thursday, July 10, 2008
Friday, July 04, 2008
(no se me ocurre ningún título)
De entrada el sol en raya. Una ligera lluvia al rededor. Un buen café sobre una taza de porcelana y un buen cigarro quemándose entre los dedos. De pronto uno se absorta y quizás piense que es un buen momento. O quizás tome tiempo el saber lo que cada uno piensa. Es algo que se aprende con el tiempo, como se aprende a tejer o como se aprende a pintar.
El barrido en una fotografía, una sombra en la pared, un tenedor doblado: son cosas ingenuas que nos hacen pensar el uno en el otro. Salimos de esta mesa ya entradas las once.
Camino largo, unos pasos. Todo se dirige a un punto perdido en algún lugar de tu cuerpo o del mío. Si el aire es frío, si el agua es tibia, si se detiene el reloj, qué importa. Nos vemos a los ojos y nos encontramos desnudos.
Desnudos o no, eso es lo de menos, siempre queda una sensación borrosa dentro de uno, como un latido interrumpido o como un pedazo de carne entre los dientes. Simple: se termina por decir cosas como "es noche" y lo demás es bien sabido.
"Ahora sigue un silencio incómodo y todo vuelve a su sitio". Un conjunto de palabras que poco dicen. Se limitan a un tiempo y a un espacio. Entoces qué, se comienza a contar: uno, dos, tres... nada interrumpe esta cuenta.
Un aliento vago, a caso sin ganas me despide con un suspiro. Ese aliento cae al suelo, se tira, simplemente se tira.
¿No es esto a lo que venimos?
¿No maldecimos este momento tan esperado?
Se tira al suelo y se rompe. Que nadie hable. Se sigue la cuenta...
El barrido en una fotografía, una sombra en la pared, un tenedor doblado: son cosas ingenuas que nos hacen pensar el uno en el otro. Salimos de esta mesa ya entradas las once.
Camino largo, unos pasos. Todo se dirige a un punto perdido en algún lugar de tu cuerpo o del mío. Si el aire es frío, si el agua es tibia, si se detiene el reloj, qué importa. Nos vemos a los ojos y nos encontramos desnudos.
Desnudos o no, eso es lo de menos, siempre queda una sensación borrosa dentro de uno, como un latido interrumpido o como un pedazo de carne entre los dientes. Simple: se termina por decir cosas como "es noche" y lo demás es bien sabido.
"Ahora sigue un silencio incómodo y todo vuelve a su sitio". Un conjunto de palabras que poco dicen. Se limitan a un tiempo y a un espacio. Entoces qué, se comienza a contar: uno, dos, tres... nada interrumpe esta cuenta.
Un aliento vago, a caso sin ganas me despide con un suspiro. Ese aliento cae al suelo, se tira, simplemente se tira.
¿No es esto a lo que venimos?
¿No maldecimos este momento tan esperado?
Se tira al suelo y se rompe. Que nadie hable. Se sigue la cuenta...
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